He decido dejarte y seguir mi camino

77999-relationship-anxiety---couple-arguing-full.jpgSalmo 51:1-3 NBV  “Ten compasión de mí, Dios, conforme a tu gran amor. Conforme a tu piedad, borra mis pecados. Lávame de toda mi culpa y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi vergonzosa acción; día y noche me persigue.”

 

“Ya que no he podido lograr mi sueño de ser madre, quizá debería enfocarme en mí, en mi esposo. Creo que es tiempo que salgamos a divertirnos. Necesito aliviar este dolor!” Y así lo hice. Me enfoqué en mi trabajo, en mis actividades extracurriculares, puse mi sueño de ser madre y expandir mi familia a dormir.

Era el año 2001. Estábamos viviendo en Puerto Rico por una temporada luego de que mi esposo terminara su contrato con las fuerzas armadas. Las cosas no nos iban muy bien económicamente, así que decidimos regresar a Texas y buscar trabajo. El decidió venir primero para yo poder así continuar generando ingresos en lo que él conseguía un trabajo. Seis meses después lo alcancé. No teníamos mucho pero estábamos dispuestos a comenzar de nuevo. Él ya tenía un trabajo y ahora me tocaba a mí buscar. Aplicación tras aplicación y nada.

Mientras esperaba por una oportunidad de trabajo, una mañana durante mi rutina de los quehaceres del hogar, abrí una gaveta en mi cuarto y encontré una carta que cambiaría mi vida para siempre. En esa carta pude leer los detalles de una relación extra marital que había tenido mi esposo mientras yo estaba fuera del estado.

Mi cuerpo se adormeció. No sabía que hacer… en realidad nunca pensé que esto me pudiese pasar a mí. Todo parecía estar bien, normal, ningún indicio de que mi matrimonio marchara mal. Entré en un estado de depresión. No sabía cómo confrontarlo. Sentía miedo, angustia, dolor. Y ahora que iba a hacer? Me tomó como una semana antes que pudiese hablar con él del asunto. Y cuando al fin lo hice, me ignoró y lo negó. Me sentía tan destruida, Me culpé de lo sucedido, no dormía ni comía, no me levantaba de la cama. Pasaba días en mi cuarto, sin nadie con quien pudiese hablar. Entré en un estado de total depresión y angustia.

Y ahora qué hago? No puedo quedarme con alguien que ya no me ama, que no le importó traicionar mi confianza, mi amor. No tengo dinero, no tengo trabajo, no tengo familia aquí. Tenía que tomar una decisión pronto. Lo mejor era regresar a Puerto Rico. Sabía que mi familia no me iba a desamparar y me recibirían. Cuando se lo comuniqué a mi esposo, el me pidió que no lo hiciera y que me quedara. Que estaba arrepentido de lo que había hecho y que me prometía que jamás haría algo así. Y yo le creí. Lo perdoné, y me quedé.

Así vivimos dos años y volvimos a caer en lo mismo. Engaño tras engaño, mentira tras mentira. Esta vez lo tome diferente. Estaba más decidida y le pedí el divorcio. Ya no quería seguir viviendo en desamor. Había comenzado a asistir a una iglesia, pues a pesar de todo siempre le temía a Dios aunque vivía una vida muy lejos de él. Sabía que solo Él podría mostrarme el camino a seguir en un momento tan fuerte en mi vida.

Recuerdo que un fin de semana del el día de las madres, decidí hacer unos pequeños regalos para las madres que asistían a la iglesia. Era una congregación pequeña, y me había encariñado con todas ellas. Así que fui al supermercado a comprar unos chocolates. Como ya todo lucía que mi matrimonio no iba para ningún lado, decidí no ponerme mi anillo de matrimonio más… y más aún cuando él ya no usaba el suyo.

Mientras estoy paseándome por las góndolas, noté que había un muchacho que me perseguía de góndola en góndola. Hasta que en un momento dado me miro y me dijo: “Te he estado observando.. Eres muy bonita y me gustaría pedirte tu número”. No recordaba  cuando fue la última vez que alguien se había fijado en mí… cuando fue la última vez que me dijeron que era bonita. Lo miré y le respondí:” muchas gracias por esas palabras, pero no te puedo dar mi número. Soy una mujer casada”. A lo que el respondió” si lo eres, donde está tu anillo?” No supe que contestar… no le tenía que dar explicaciones a un extraño! Él me dijo: ”aquí está mi número por si cambias de opinión”. Lo tomé, lo guardé….. y permití que el enemigo se colara abriendo una puerta que debí haber mantenido cerrada. Se me presentó hermoso, galán y dulce, todo lo que una mujer puede soñar en el momento más indicado, cuando me sentía sola. Y días después lo llamé.  Y desde ese momento el enemigo tomó control de mis acciones las cuales se convirtieron en una ilusión peligrosa.

Cuando estamos alejados de Dios, se nos hace muy fácil caer en la trampa del enemigo. Todo lo que nos sucedió a nosotros en nuestro matrimonio fue simple y sencillamente porque decidimos darle la espalda a Dios y hacer las cosas a nuestra manera. Nos envolvimos en satisfacer nuestro deseos carnales y nos olvidamos de cuidar nuestra alma y de nuestro espíritu. Nos hicimos vulnerables a los ataques del enemigo. Nos hicimos amigos del engaño, de la traición. Nos llenamos de desamor.

El enemigo utilizará las artimañas más agradables, hermosas y atractivas para envolverte. Y susurrará a tu oído cuando más sola te encuentres. Te dirá las palabras más hermosas cuando tú autoestima esta por el piso. Si lo escuchas y le das entrada, te enredará en su trampa mortal!

El engaño y la traición duelen. Perdimos las fuerzas y sentimos morir. La depresión se apodera de nuestros cuerpos y enfermamos emocional y físicamente. Si nuestro espíritu también está muerto, entonces lo hemos perdido todo. Una vida sin Dios es vana y con rumbo a total derrota. Lo que viví lo pude haber evitado si hubiese puesto a Cristo como centro de mi casa, de mi vida, de mi matrimonio. Mi alejo y rebeldía me costaron muchas lágrimas y mucho dolor.

Como humanos enfrentamos infinidad de pruebas y tentaciones. No porque estemos asistiendo a una iglesia significa que no podemos caer. Si nuestras “defensas espirituales” están bajas, corremos peligro. Yo le llamo Anemia Espiritual. Si no hacemos a Cristo dueño y Señor de nuestras vidas, de nuestros matrimonios, vamos camino a la derrota. Si estando en Cristo se nos hace difícil sobreponer ciertas situaciones y obstáculos, cuanto más si no estamos agarrados a Él, si vivimos nuestra vida a nuestro antojo y conveniencia. Cristo y solo Cristo puede tomar el control de nuestras situaciones y llevarnos a puerto seguro.

Amado lector, en el próximo capítulo les relataré la importancia de no dar lugar a la tentación del engaño y las relaciones extramaritales. Acompañame.

8 comentarios sobre “He decido dejarte y seguir mi camino

  1. Tienes toda la razón amiga, el alejamiento espiritual comienza cuando le damos cavida al pensamiento de pecado. Desde ese mismo momento es nuestra decisión de parar o seguir con el juego mental de la traicion.
    Excelente palabra Zuly. Te amo

    Le gusta a 1 persona

  2. Asi es Zuly! Es increíble que nuestro enemigo no querrá perder ni una sola oportunidad para hacernos caer y tomará ventaja cuando mas débiles nos sentimos. Wow tremendo leer tus vivencias.

    Me gusta

Replica a Yvonne Cancelar la respuesta